A veces la rutina o la falta de empatía, nos alejan de los actos de amor...hacer feliz a un niño no es muy difícil, basta ponerse de cuatro patas para que suelte una carcajada, basta simular que le haces cosquillas para que le de un ataque de risa.
A veces uno se entrampa en la búsqueda de la felicidad, en los bienes materiales, en los mejores juguetes o en la ropa más taquilla, pero para mi gusto la esencia está en la caja de cartón, en los lápices, en las risas, en los juegos con las manos...eso es demostrar amor, agacharte para escuchar a un niño, y valorar sus problemas, no poder ponerse las zapatillas o perder una muñeca es enormemente valido para ese momento.
Siempre quise que la casa de mi vale estuviera llena de cosas para ella, a su alcance, de pinturas de disfraces, de brillo y de color, y creo que ella lo ha disfrutado.
Me dan lo mismo las rayas, lo prolija que pueda estar mi alfombra, los restos de pintura o los animales de plastilina.
Mientras siga viendo esos ojos curiosos llenos de luz...todo vale la pena.


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