En los primeros meses de vida de mi Vale, todo fue avanzando
a la velocidad de la luz.
La bebé dormía cada vez menos, cada vez estaba más atenta a
este nuevo mundo, a veces es complicado aceptar o entender que ellos están absolutamente
limpios, de todo, de emociones de pensamientos de recuerdos, es como un álbum que
cada día guarda millones de fotos nuevas…
El primer cambio y más importante para mí el primer mes, fue
la sonrisa… ya ponía caras de felicidad bajo ciertos estímulos, Una vez una
doctora nos dijo que era demasiado pequeña para hacer eso… imposible! Acaso yo estaré
inventando lo que veo en mi hija?
Siempre hemos preferido seguir nuestro instinto que creer
ciegamente lo que dice el doctor, si siento que hace mucho calor y no es hora
de su leche, le doy agua! Si el doc dice que aún no ve, pero yo siento que me
mira, juego con ella!
Creo firmemente que, como buenos mamíferos, debemos sentir
al cachorro, besarlo mucho, hacerle cariño, desde que supe que estaba
embarazada, nunca más me quité la mano de mi panza, y luego de la panza de ella
y de su cabeza que es tan frágil como un hilo.
Mi casa vacía se transformó en un cajón rosa, había un olor
a bebé que inundaba mi alma, ella comenzaba a tomarse las manitos, yo le
cantaba todo el día, le tomaba sus pies, y se los mostraba para que pudiese
verlos, le hablaba todo el día, y ella con sus ojos de aceituna me ponía una increíble
atención, se emocionaba cuando llegaba el papá a la casa, y miraba atentamente
el celular con canciones de pin pon.
Aunque ese tiempo se hacía difícil y todo era un tanto mono temático,
recomiendo vivirlo segundo a segundo, esa responsabilidad y ese amor que nace
por alguien que solo depende de ti, es único e irrepetible, y en mi caso, lo más
maravilloso que me ha pasado en la vida.